Esto supone el fin de la tramitación legal de un tratado por el que España renuncia definitivamente a sus posesiones ultramarinas como consecuencia de la Guerra hispano-estadounidense (también llamada la Guerra hispanoamericana, que se desató entre España y los Estados Unidos en 1898, durante la regencia de María Cristina, viuda del rey Alfonso XII, y que concluyó con una contundente derrota española en las batallas de Baire y Cavite.
Por el tratado de París, España cedió estos territorios a los Estados Unidos recibiendo a cambio una indemnización de 20.000.000 dólares.
Curiosamente, no se permitió a ningún representante cubano, portorriqueño o filipino asistir a las negociaciones del tratado de París.
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